Apuestas ilegales de tenis

El tsunami se abalanzó sobre el tenis como una mancha de chapapote. Apuestas, partidos amañados, jugadores de élite compinchados con las mafias y un manto de corrupción en un deporte de distinguida apariencia y corte señorial.

La misma lacra que ha acechado al fútbol se ha extendido sobre las pistas de cemento, hierba y arcilla. La manipulación deportiva ya no procede en exclusiva del dopaje, sino de las casas de juego. La Liga de fútbol creó un departamento de integridad para atajar el cáncer y el secretario de Estado para el Deporte, Miguel Cardenal, aseguró que el amaño de partidos era un problema «mucho mayor que el dopaje en España». Por los despachos de la Liga circula un informe sobre las apuestas y el crimen organizado, cuyas principales conclusiones causan verdadero desasosiego sobre la pureza de la competición. La industria de las apuestas, las legales y las otras, mueve entre 300 y 500 billones de euros al año. Y se calcula que las mafias blanquean 130 billones, el 10 por ciento de su negocio.

El documento arranca desde un punto de partida, la creciente importancia del deporte en la economía global, «alrededor del 2 por ciento del PIB mundial». Los derechos audiovisuales, el mercado del patrocinio y la distribución de los recursos han incrementado el pastel y, por tanto, el interés por adulterar las competiciones por parte de personas físicas y de organizaciones criminales. El rasgo impredecible del deporte, en el que nada está escrito, favorece ese limbo de acción.

Negocio transnacional
En ese marco han crecido las casas de apuestas durante los últimos quince años. Un negocio transnacional y legal ante el que los estados pueden responder, aunque según apunta el informe, «con ausencia de regulación, control y coordinación interestatal».

Este panorama se ha traducido en una «proliferación de nuevos operadores en internet dedicados a las apuestas, frecuentemente en paraísos fiscales». El documento apunta que hay más de 8.000 casas que ofrecen apuestas deportivas en el mundo. «El 80 por ciento se han establecido en territorios en los que se aplica un bajo nivel impositivo y escasas inspecciones». Lugares como Aldernei, Gibraltar, Isla de Man, Malta, Islas Cagayan, Antigua y Barbuda, Quebec o Costa Rica. La mayoría ofrecen servicios en todo el mundo, incluso sin la autorización de los países en los que hay apuestas ilegales (representan el 80 por ciento del mercado).

Según las autoridades españolas, este envoltorio favorece un delito, elblanqueo de capitales. «El hecho de que las apuestas ilegales generalmente no constituyan una infracción penal hace más fácil que el dinero negro sea transferido, como las ganancias desde cuentas offshore de jugadores a bancos con reputación nacional».

El refugio del anonimato en internet representa otro de los factores que han favorecido la proliferación de las apuestas en el deporte. Según recoge el estudio, «los operadores online corren con la parte más elevada del riesgo porque ofrecen la ratio más alta de beneficio a los jugadores, nuevos métodos de pago que protegen el anonimato y la falta de verificación de la identidad de los apostantes o de ofertas ilegales planteadas desde cualquier sitio». Se estima que cada año se blanquean 130 billones de euros a través de las casas de juego, «lo que significa que más del 10 por ciento del beneficio mundial del crimen organizado podría llegar a tener apariencia de legalidad por esta vía».

Durante los últimos quince años, los sistemas de apuestas se han transformado. Antes se jugaba a un resultado de un partido y ahora se interactúa en directo. Apuestas en vivo sobre cualquier circunstancia relacionada con un encuentro. Según los expertos, esto ha contribuido a fomentar la aparición de profesionales, que viven del juego.

Las autoridades solo tienen un elemento online para atajar los fraudes. La monitorización de las apuestas, radares que detectan posibles amaños, el BFDS (Betting Fraud Detection System), una fórmula que emite alertas, pero que no arroja indicios o pruebas vinculadas a personas concretas.

Fuente: abc.es