Apenas unos días antes de las elecciones del domingo, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva prohibió las apuestas en línea. Pero una deuda que ha alcanzado niveles récord está trastornando la vida de millones de personas.

Durante meses, la contienda presidencial de Brasil se ha visto dominada por las preocupaciones sobre la injerencia de Estados Unidos, un escándalo que involucra al Supremo Tribunal Federal y las repercusiones políticas de una investigación de corrupción bancaria por miles de millones de dólares.

Pero para muchos brasileños, el tema más apremiante mientras se preparan para votar este domingo es una crisis mucho más cercana a sus vidas: las abrumadoras deudas
personales.

Más del 80 por ciento de las familias brasileñas están endeudadas, un máximo histórico para el país, según la Confederación Nacional de Comercio, un grupo de minoristas.
Brasil también tiene la tasa de interés de referencia más alta entre las 40 principales
economías, y las familias destinan casi el 30 por ciento de sus ingresos al pago de deudas, según el Banco Central de Brasil. En Estados Unidos, esa cifra es de alrededor del 11 por ciento.

A diferencia de Estados Unidos, donde la mayor parte de la deuda de los hogares proviene de hipotecas, en Brasil la deuda se alimenta de tarjetas de crédito, préstamos sobre el salario y planes de pago a plazos en tiendas minoristas, que tienen algunas de las tasas de interés más altas del mundo.

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