Para entrara jugar se necesitaba invitación, se captaba a clientes fuera de salas de juegos legales y se ofrecía bebidas y comidas. El cabecilla de la organización que los manejaba quedó en prisión preventiva.


La apuesta mínima era de $250.000 y el juego predilecto de los asistentes el póker, sobre todo, en la modalidad «Texas Hold’em» (una de las variantes más populares). Ya no era necesario salir de Santiago para apostar y el servicio incluía además bar y comida.

Ese era el funcionamiento estándar de los dos casinos clandestinos que operaban en Marcoleta 444 y Hermanos Clark 971 (Santiago Centro). La redada simultánea finalizó con 21 personas detenidas, entre ellas la cúpula de la organización, croupiers , barman, camareras y clientes.

También se realizó una redada en un departamento en La Pastora 181 (Las Condes), donde se encontró una mesa de póker instalada y lista para ser usada. En ese edificio -entre marzo de 2015 y septiembre de 2016- funcionó uno de estos recintos ilegales, que estaban en la mira de la Fiscalía Oriente y la Brigada de Delitos Económicos (Bridec) de la PDI desde a lo menos 2008.

Fueron acusados por asociación ilícita y delito tributario de comercio clandestino el palestino nacionalizado chileno Ashraf Kanaan Kanaan (48) -sindicado como el cabecilla del grupo dedicado a la administración de estos casinos ilegales-, Claudio Sandoval y Adolfo Pineda.

El Cuarto Juzgado de Garantía determinó que Kanaan -que llegó a Chile en 2005- quedara en prisión preventiva. Los otros dos, con arresto total. En tanto, a Juan Manuel Orellana y Valeria Carrasco (pareja de Kanaan) se les imputó asociación ilícita y administradores de casinos clandestinos, con pena de arresto domiciliario nocturno.

Mientras que los nueve jugadores -formalizados por el delito de cliente de casino clandestino- y los siete funcionarios de los recintos (cómplices de asociación ilícita), con firma mensual.

«Con el dinero que había logrado Kanaan con los casinos clandestinos creó dos nuevos casinos en Santiago y ahí comenzamos a hacer seguimiento», explicó el fiscal de Las Condes, Roberto Contreras, a «El Mercurio».

Los clientes que acudían a estos sitios eran clientes VIP. «Los jugadores eran de un nivel profesional, había gente de muy buenos ingresos que les permitía concurrir a estos locales y hacer apuestas con un pie mínimo de $250 mil», comenta el comisario de la Bridec, Marco León. No entraban personas con sueldos inferiores a $1,5 millones, agrega el policía.

No eran casinos abiertos a todo el público. Los clientes eran invitados. Afuera de casinos formales, «captadores» invitaban a los que reconocían como jugadores habituales. Las convocatorias se organizaban entre miércoles y viernes desde las ocho de la noche hasta la madrugada.

Se estima -según los antecedentes reunidos en la indagatoria- que los ingresos de estos casinos suman varios millones de dólares.

Otra cosa que llamó la atención de los investigadores es que ya no se operaba con dinero en las mesas, sino que con transferencias vía internet. Así, si eran fiscalizados, «no eran detectado como casino, sino que un juego entre amigos», cuenta el comisario León.

Fuente: economiaynegocios.cl