Proyecto de Cordish

Eurovegas, la Operación Campamento, el Four Seasons de Barcelona y el proyecto hotelero de Hyatt en la Torre Agbar son algunas de las inversiones más famosas frustradas en España.

Estaban destinados a ocupar puestos destacados en el ránking de megaproyectos inmobiliarios pero se vieron abocados al fracaso, incluso, antes de ponerse en marcha. El incumplimiento de aspectos normativos, obstáculos burocráticos o el choque con las Administraciones han sido algunas de las causas que han hecho encallar las multimillonarias inversiones previstas por, entre otros, el grupo norteamericano Cordish, el gigante chino Wanda, el magnate estadounidense Sheldon Adelson o los proyecto hoteleros las multinacionales Four Seasons y Grand Hyatt en Barcelona.

El último proyecto en desbaratarse ha sido el de Cordish. El grupo con sede en Baltimore quería construir un complejo de ocio y juego en el municipio madrileño Torres de la Alameda. Pero no ha sido una, sino dos, las veces que la Comunidad de Madrid ha rechazado la posibilidad de activar un Centro Integrado de Desarrollo (CID) al considerar que el proyecto carece de impacto suficiente en la economía, el empleo y la cultura y al poner en duda su viabilidad.

El proyecto truncado de Cordish se suma a Eurovegas -el complejo de juego malogrado que el estadounidense Sheldon Adelson pretendían construir en Alcorcón-, al fiasco de Gran Scala en el desierto de Los Monegros o el espejismo de El Reino de Don Quijote en Ciudad Real.

Otro de los inversores que acumula malas experiencias en Madrid es el gigante chino Wanda, que posee el 20% del Atlético de Madrid. El conglomerado dirigido por el magnate Wang Jianlin anunció hace tres años su intención de invertir al menos 3.000 millones en un complejo de alto standing con hasta 15.000 viviendas de lujo, en los antiguos cuarteles de Campamento, en Madrid, propiedad del Ministerio de Defensa. Además, la urbanización iba a incluir un complejo comercial, parques temáticos y casinos. El grupo chino, no obstante, renunció a sus planes al considerar desorbitados los precios de los terrenos. Meses después, otro de los proyectos estrella de Wanda en Madrid quedó en el aire. El grupo, que había comprado a Santander el Edificio España por 265 millones en 2014, decidía ponerlo a la venta ante las discrepancias con el Ayuntamiento, que exigía la conservación de la fachadas frontal y lateral, tal como establece la ley de protección de edificios históricos.

Vetos

Por su parte, la inversión hotelera ha sufrido un revés en Barcelona. La suspensión de licencias ha provocado que grandes cadenas internacionales desistieran de sus proyectos en la Ciudad Condal.

En concreto, la llegada de la marca hotelera Four Seasons se vio truncada por el veto municipal. KKH Property Investors pagó 90 millones de euros por el edificio Deutsche Bank, situado en la confluencia de la Avenida Diagonal de Barcelona con el Paseo de Gracia. Su intención era derribarlo y construir un edificio de mayor tamaño que estuviera gestionado por Four Seasons. Pero el proyecto chocó con el rechazo de la entonces activista Ada Colau, que convirtió el proyecto en una de sus promesas electorales. Su llegada al Ayuntamiento de Barcelona, en verano de 2015 truncó los planes de KKH, que ha optado por rehabilitar el viejo edificio de oficinas y convertirlo en viviendas residenciales de alta gama. Four Seasons, que desembarcará en Madrid a comienzos de 2019 en el complejo Canalejas, sigue buscando localizaciones para desembarcar en la ciudad.

Otra de las grandes cadenas hoteleras internacionales que podría haber llegado a Barcelona era Hyatt. En 2013, la gestora de fondos Emin Capital, dirigida por el andorrano Jordi Badia, anunció que había comprado la Torre Agbar por 150 millones de euros y se disponía a convertirla en un hotel de lujo que estaría gestionado por la cadena hotelera estadounidense. Tres años después, el proyecto todavía no disponía de licencia hotelera y el activo fue adquirido finalmente por Merlin Properties, que lo mantendrá como edificio de oficinas y que tiene la esperanza de que se convierta en la sede de la Agencia Europa del Medicamento (EMA).