El 24% de los menores compraron el año pasado una ‘loot box’, cuyo mecánica de azar provoca efectos similares a las de las máquinas y el juego.

Hace tiempo que es habitual que los hijos pasen horas y horas delante de la pantalla de un ordenador, una videoconsola o un móvil. Los videojuegos son uno de los pasatiempos favoritos -de nuestros jóvenes -el 91% de los chicos de 12 y 13 años tiene el hábito de jugar, según un estudio del Plan Nacional sobre Drogas- y eso provoca que sus mecánicas se hayan transformado durante las últimas décadas buscando una mayor adicción de sus usuarios.

Una de las más efectivas es la de las «cajas-botín», o ‘loot boxes’ en inglés, un sistema de recompensa que utilizan algunos videojuegos y, según el cual, el usuario debe cumplir un objetivo para conseguir un premio. Aunque no sabe qué puede ser. Así, por ejemplo, si el personaje logra superar un nivel recibirá una caja sorpresa de la que puede salir un traje nuevo, munición especial, poderes especiales o monedas canjeables.

Si bien hace dos años el ministro de Consumo de Alberto Garzón anunciaba a bombo y platillo una ley «pionera» en Europa que iba a regular la presencia de elementos como este en los videojuegos, similares a los juegos de azar, la medida que ha presentado esta semana el Gobierno -con Garzón ya fuera del juego- ha resultado estar muy lejos de las expectativas, si bien la intención ha demostrado ser buena durante los dos años que ha tardado en darse el paso.

El motivo que ha llevado a Consumo a impulsar esta medida es que la dopamina que genera abrir estas «cajas-botín» es similar a la que se produce durante los juegos de azar como la ruleta o las máquinas tragaperras. «El menor no sabe lo que contiene la caja hasta que no la abre, y eso es un patrón de reforzamiento aleatorio», explica el psicólogo clínico Ricardo Hoddan a Vozpópuli. El experto de la Clínica Nuestra Señora de la Paz de Madrid (Orden San Juan de Dios) asegura que es una mecánica que la industria del videojuego ha copiado a las tragaperras porque «a veces hay un premio muy grande y otras veces, mínimo. Eso lo que hace es que el cerebro del niño vaya buscando esas ‘loot box’ más jugosas de forma compulsiva. Es idéntico al mecanismo de las tragaperras».

Por su parte, el psicólogo José Antonio Tamayo, de Activa Psicología, cree que la medida ayudará a «mitigar los riesgos de desarrollar problemas relacionados con el juego»

El Gobierno tendrá que explicar cómo se asegura de que los niños no acceden a este tipo de juegos

La nueva norma intentará impedir que los jóvenes accedan a las cajas-botín de pago, -aunque todavía no se ha explicado cómo- si bien se les continúan permitiendo las que se consiguen de forma gratuita. Además, los mayores de edad aún podrán adquirir estas ‘loot boxes’ mediante pago, por lo que habrá que esperar para ver cuál es el mecanismo que asegura que la persona que hay al otro lado de la pantalla es un adulto y no un niño. En los últimos años «se está produciendo un aumento en el número de adolescentes que acuden a consulta por problemáticas relacionadas con el uso de los videojuegos», advierte el psicólogo de Activa Psicología. «Y aunque la percepción social de la ludopatía suele ser de una persona más mayor, los niños de 8 o 10 años también pueden verse afectados por estas conductas», señala.

«Es cierto que los menores tienen más complicado acceder a os juegos de azar, pero a veces consiguen la tarjeta del padre y comienzan a hacer compras a sus espaldas. Es posible que empiecen así y luego se pasen a los servicios de juego en internet, como los casinos», cree el psicólogo de la clínica de la Orden san Juan de Dios, Ricardo Hoddan.

Los expertos como Hoddan indican que cuando los menores tienen un problema con el juego «no lo entienden como tal» y «no son sinceros con los padres». Las primeras señales -explica- suelen verse con los trastornos del sueño y, después, «con ansiedad y síntomas anímicos».

Uno de cada cuatro jóvenes adquirió una loot box el año pasado

Casi un 24% de los jóvenes entre 15 y 17 años usó el año pasado una de estas cajas botín, según señala la Dirección General de Ordenación del Juego (DGOJ), y son precisamente los más jóvenes de la casa los que las suelen comprar, indican en Consumo. Para José Antonio Tamayo, es un peligro puesto que los menores «tienen una percepción del riesgo que difiere de la de los adultos» debido a la forma del cerebro, «especialmente las áreas relacionadas con la corteza prefrontal, encargada del control de impulsos y la toma de decisiones. Esto puede llevarlos a subestimar los riesgos y sobreestimar las recompensas, haciéndolos más susceptibles a prácticas de juego como los cofres botín», explica.

En la Asociación para la Prevención y Ayuda al Ludópata (APAL) hacen dos sesiones de grupo al día por las que pasan unas 150 personas, se trata de «un proceso largo», asegura su presidente Juan Carlos Gallego, y cada vez son más los jóvenes que acuden a ellos: «Llegan con las apuestas, el póker online, la ruleta… antes el perfil era la gente más mayor, que venía del bingo y las tragaperras», apunta, «pero es lo mismo, buscas mayor recompensa en la siguiente caja: mejores jugadores, mejor equipo».

En APAL avisan de que los niños dejan de estar con la familia, dejan de estudiar, pero nadie sabe ver el problema «hasta que comienza a faltar el dinero. Ahí es cuando vienen por aquí, cuando llevan 20 o 30 años adictos al juegos y ya tienen deudas importantes». Por su asociación han pasado jóvenes (mayores de 18 años) que llevaban años con problemas con los videojuegos: «No se lavan, pasan más de 20 horas jugando porque necesitan competir y subir de categoría».

Síntomas de un niño con adicción

Antonio Soto, responsable de prevención y nuevas adicciones en el centro de rehabilitación Montealminara (Málaga) explica a Vozpópuli que los menores son más vulnerables a estos «estímulos gratificantes» debido a que tienen menos desarrollado el lóbulo prefrontal, «la parte del cerebro que gestiona el autocontrol». Según él, la adicción a las cajas botín «aumenta las posibilidades de que ese niño, de adulto, se convierta en una persona compulsiva y con menos autocontrol», asegura, porque esta parte del encéfalo no se desarrolla adecuadamente.

«Un menor que no tenga una cuenta corriente propia solo puede recurrir a la de alguno de sus padres para comprar estas monedas por lo que lo ideal es controlar la tarjeta del banco. En caso de tener una adicción al propio videojuego hay que observar si «hay un equilibrio en el estilo de vida», cuenta Antonio Soto.

«Los cambios de comportamiento son una alerta. Estos son normales en preadolescentes y es difícil de observar, pero es fácil de analizar si hay irascibilidad o agresividad en el menor cuando se intenta limitar su uso de los videojuegos«, afirma este psicólogo experto en adicciones a las nuevas tecnologías. Según explica, las cajas botín pueden generar ludopatía, por lo que también es importante controlar las horas que pasa el menor delante de una pantalla.