Una trama asentada en Valencia usurpó 5.000 identidades de 17 países para blanquear a gran escala. Los afectados en España supieron que los detenidos habían jugado a su nombre al consultar el borrador de la Renta.

Maksym se echa a llorar cuando, en pleno registro policial, desbloquean su móvil en un ataque de fuerza bruta, un método con el que se encuentra la contraseña probando todas las combinaciones posibles.
Un policía especializado en ciberdelitos recogió toda la información del dispositivo en vivo, antes de que lo borrara. Maksym, de 40 años y al que apodaban El Maestro, es el líder de un grupo criminal investigado por blanquear dinero a gran escala haciendo apuestas fraudulentas en casas de juego online. Su grupo llegó a suplantar las identidades de 240 personas en España que ni siquiera sabían que estaban jugando en su nombre.
Cuando fueron a hacer su declaración de la Renta, vieron que Hacienda les reclamaba cantidades de hasta 7.000 euros por unas apuestas en internet que no habían hecho. La Policía le detuvo el pasado junio, junto a otras 11 personas. Maksym y cinco de los miembros de su grupo, todos de nacionalidad ucrania, menos un ruso, están en prisión provisional desde entonces.
“Cuando las personas ven que Hacienda les reclama cantidades de dinero que pueden ir de los 3.000 a los 7.000 euros se ponen muy nerviosos”, cuenta la inspectora Mónica, especializada en delitos relacionados con el deporte y las apuestas, que prefiere identificarse solo por su nombre de pila, y una de las investigadoras de la operación en la que fue detenido Maksym. El Ministerio de Consumo puso en marcha en abril de 2024 un protocolo para que denunciaran quienes se veían en esa situación.
La información de estos casos es clave para los investigadores porque pueden encontrar patrones y dar con las redes que les han suplantado. Como ocurrió en el caso de El Maestro. Hasta el pasado agosto, se habían contabilizado más de 10.000 denuncias por suplantación de identidad en toda España. En abril, mayo y junio, época de la declaración de la Renta, se espera recibir nuevas denuncias.
La investigación al grupo de El Maestro, bautizada Operación Girasoles, sigue viva, todavía pendiente de consultas a diferentes países, como Eslovenia, México o Brasil. Hasta el momento se les atribuye un blanqueo de 4,7 millones de euros y el uso fraudulento de entre 5.000 identidades de personas de 17 nacionalidades diferentes. Trabajaban para varias organizaciones y uno de los países de los que les llegaba el dinero era Ucrania, según fuentes de la investigación.
Maksym llevaba en España desde 2018. Vivía en Valencia con su familia y llevaba una vida acomodada. Sus hijos iban a colegio privado, llevaba “un buen coche”, pero intentaba no llamar la atención. Con el paso del tiempo, El Maestro fue reuniendo a amigos de entre 35 y 45 años que se terminaron asentando en Alicante y Valencia. Con formación en informática y furor por el fútbol, los investigadores creen que el grupo podía llevar entre “15 o 20 años” vinculados a esta actividad ilegal.
Jugaban pequeñas cantidades en diferentes casas de apuestas, tanto en España como en otros países, pero lo hacían a toda velocidad. “Podían hacer 500 apuestas a la vez”, señala la inspectora del Centro Nacional Policial por la Integridad en el Deporte y las Apuestas (Cenpida). Para lograr ese efecto multiplicador usaban 22 bots, programas diseñados para hacer tareas automáticas y repetitivas, que en este caso se alojaban en dispositivos similares a pequeños módems. “El líder crea la estructura para él y para otra organización”, explican fuentes policiales. “Si necesitaban identidades, se las pedían al jefe, también hablaban con él de entregas en efectivo”.
Las identidades robadas servían para abrir cuentas bancarias con las que comenzar a jugar online y las ganancias se recibían en otra cuenta, en otro país e incluso en criptomonedas. “No se trataba de ganar, sino de trasladarlo de un lugar a otro”, precisa la inspectora Mónica. El delito ya estaba en la estafa que hacían a la casa de apuestas —jugaban en cotas bajas miles de apuestas simultáneas para minimizar riesgos y asegurar beneficios constantes—, pero el dinero también podría venir de otros hechos delictivos, como narcotráfico.
El líder cobraba una comisión del 3,5% sobre el dinero que movía, según las pesquisas.
Maksym y los suyos intentaban relacionarse en círculos casi familiares. Contaban con la ayuda de al menos dos mujeres mayores. Una de ellas vigilaba los bots cuando estaban de viaje y la llamaban para darle instrucciones para reiniciarlos cuando algo iba mal, como que las luces que se encendían no eran del color adecuado. A otra la pusieron a cortar tarjetas SIM para inutilizarlas. Manejaban hasta 4.000 tarjetas bancarias físicas y 400 cuentas bancarias. “Quemaban las tarjetas muy rápido, denunciaban que las habían perdido y luego pedían un nuevo duplicado con otra numeración con la que seguir delinquiendo”, relatan.
Los investigados no necesitaban grandes espacios para tener esos bots. En las viviendas encontraron numerosos móviles, cada uno con la identidad de la persona a la que estaba vinculado, por si alguien llamaba para hacer alguna comprobación. Les intervinieron 88 móviles y 20 ordenadores.

Identidades robadas: la materia prima

Los miembros del grupo fueron ensayando fórmulas para hacerse con las identidades con las que abrir cuentas bancarias, la materia prima indispensable para su actividad delictiva. En 2022 recurrieron a familiares o conocidos. Al año siguiente, pasaron a comprar paquetes de datos de identidades robadas en redes sociales, como Telegram. Según las pesquisas, contaban con servicios que les proporcionaban DNI en formato físico falsificados e incluso los vídeos o selfies de personas con un documento que incluía los datos de la identidad suplantada. Esa imagen servía para abrir la cuenta bancaria que luego utilizaban para hacer la apuesta. Cuidaban hasta el grosor del plástico, para que los detectores de inteligencia artificial no hicieran saltar las alarmas. También contaban con ayuda, desde Rusia, para sortear los problemas de las casas de apuestas. Le podían enseñar la forma de saltar un QR o a pasar una autentificación.
Este sistema se truncó después de que en España se pusiera en marcha el protocolo para detectar suplantaciones de identidad. Entonces dieron una nueva vuelta de tuerca. Empezaron a traer a mujeres de Ucrania para que solicitaran protección y después abrirles cuentas bancarias. “Ellas no sabían que su nombre se iba a utilizar para jugar en casas online”, explica la inspectora Ana, de la Unidad Central de Redes de Inmigración y Falsedades Documentales (UCRIF Central), la otra unidad que ha llevado la operación.
A los agentes de UCRIF de Málaga les llamó la atención el control que ejercía una mujer sobre un grupo de ucranias que pedía protección en uno de los puntos de ayuda del Gobierno español para refugiados de Ucrania (CREADE). Creyeron que podían estar ante una situación de explotación sexual, así que les siguieron y vieron que, nada más tramitar el permiso, las llevaban al banco.
La organización pagaba todos los gastos: las recogían, las llevaban al hotel y, una vez hechos los trámites que necesitan, las devolvían a casa. El circuito duraba apenas tres días. Los investigadores han contabilizado la captación de hasta 55 casos de mujeres que venían de las zonas más castigadas del conflicto bélico. La Policía de Ucrania estuvo presente en el operativo y se hicieron ocho registros en el país.
Como los agentes de apuestas y extranjería estaban investigando a los mismos objetivos formaron un equipo conjunto, que ha permitido abordar la actividad delictiva de Maksym y los suyos desde diferentes especialidades policiales.
La detención se precipitó cuando comenzaron a hablar de marcharse de España y asentarse en Emiratos Árabes. Se quejaban de que había que pagar demasiados impuestos y de la tardanza de la Seguridad Social en atender a una de las mujeres de mayor edad. Ya habían comprado algunas casas en España para blanquear el dinero, puestas a nombres de terceras personas, y también en Tailandia. “Trabajar de una forma integral y con el apoyo de Europol e Interpol hace que este tipo de organizaciones también tengan el foco rojo en otros países”, destaca la inspectora Ana, que también prefiere identificarse solo por su nombre de pila. “Eso permite sacarlos del círculo”, añade.
Fuente: elpais.com