gamificación online

Una de las máximas prioridades de las empresas que operan en el entorno digital es cumplir con aquella máxima de “renovarse o morir” de la que tanto se ha escuchado hablar en los últimos años.

La innovación se erige para estas compañías como una necesidad, deja de ser un proceso meramente optativo para convertirse en una cuestión de supervivencia.

En esta línea, llama la atención un ámbito donde la innovación cobra aún más relevancia si cabe: los casinos online. En estos negocios el proceso de adaptación e implementación de nuevas tecnologías se desarrolla prácticamente a diario. Desde hace bastante tiempo hasta ahora en este entorno se han desarrollado continuas revisiones, mejoras y adaptaciones de los programas de software, las redes de seguridad para evitar riesgos y fraude, la privacidad, la operabilidad y un amplio etcétera.

¿Por dónde pasa el futuro de este sector?

Todo apunta a que por la gamificación de sus servicios. En otras palabras, por combinar el proceso de apostar con la dimensión de un juego. Se trata de una técnica que busca que la actividad del usuario en este tipo de plataformas sea, precisamente, un juego. Este proceso surgió con fuerza en Malta, cuna de los casinos online, hasta que dio el salto a los países nórdicos (Finlandia, Suecia y Noruega), área en la que hay una mayor desregulación. Sin embargo, cada vez son más las localizaciones a las que se está extendiendo esta tendencia.

Las razones por las que los casinos apuestan por ludificar sus áreas son esencialmente: atraer a un público más joven, ofrecer una experiencia lúdica más amplia, innovar y, sobre todo, fidelizar sus perfiles. “El modelo tradicional siempre se ha basado en ofertas muy básicas: tú metes 100, la casa te da 100 más. Ahora hay tanta competencia que realmente hay que ir un paso más allá, se le debe ofrecer todo al jugador, darle el poder de decisión. La gamificación crea un sistema en el cual, la propia actuación del jugador, con sus motivaciones sociales y personales, va a permitirle elegir entre multiples recompensas, creadas específica y automáticamente en base a su conducta y patrones de juego, generando una mayor satisfacción en el jugador”, explica Julián Kunimine, Chief Operations Officer (COO) y Founder en Ikibu, casino online español que opera en el norte de Europa.

¿Qué interés tiene todo esto para el propio usuario?

En primer lugar, puede beneficiarse de una experiencia de juego mucho más amplia. Por otro lado, se premia su fidelidad. Es decir, su actividad, su recorrido en el tiempo, le sirve para optar a determinados premios. Es, por así decirlo, un sistema más equitativo: quien lleva más tiempo más se beneficia; Y por último, puede lograr premios, promociones y bonificaciones por algo por lo que antes no obtenía recompensa.

Sin embargo, existen diversos peligros en este nuevo paso hacia la digitalización. El primero de ellos es que la plataforma se convierta en una excusa para que el usuario la abandone. “Es fundamental que la gamificación no bloquee la función del negocio, sino que lo complemente. Es decir, un jugador de 60 años debe entrar y saber desenvolverse perfectamente. Si la ludificación es una distracción para el jugador, el casino está perdido”, declara Kunimine.

Además, cobra especial relevancia el proceso creativo. Y es que, técnica y económicamente hablando, el proceso de gamificar un casino no es costoso como tal, es más bien un fenómeno imaginativo. Esta transformación requiere de profesionales capaces de enriquecer la experiencia del usuario con diseños atractivos, visuales y, sobre todo, intuitivos.

Situación del sector en España

En España el escenario es bastante diferente al que se desarrolla en el norte de Europa. España es por razones legislativas un mercado muy obsoleto. La licencia para poder operar en el país tiene un coste de dos millones de euros, lo que facilita la creación de pequeños oligopolios en la industria tanto de los casinos como de las casas de apuestas. Una tesitura que lejos de favorecer la gamificación de estas plataformas, las retrasa. Si el pastel ya está repartido, ¿por qué tener prisa en innovar?.

Fuente: bez.es