Al hablar de mercados de predicción como Kalshi y Polymarket, hay dos posiciones enfrentadas: quienes los ven como sofisticados mercados financieros capaces de reflejar la «sabiduría de las masas» y quienes los consideran poco más que un casino.
Como si el debate no fuera ya suficientemente complejo, estas empresas buscan ahora difuminar todavía más la frontera entre las apuestas y los mercados financieros al ampliar su actividad a contratos vinculados a la evolución de acciones cotizadas en Wall Street, un negocio que ya mueve cientos de millones de dólares.
La idea es sencilla: en lugar de comprar una acción de Nvidia, Tesla o Apple, un usuario puede negociar un contrato que le permite ganar dinero si la cotización supera o no un determinado nivel. El inversor no posee la acción y no participa de sus derechos económicos; simplemente toma una posición sobre lo que ocurrirá con su precio para asemejarse a contratos de eventos en los que solo hay dos posiciones (se cumple la premisa o no).
El fenómeno todavía es pequeño frente al tamaño de la bolsa estadounidense, pero ya no es marginal para estas plataformas. Según un análisis de Allium, los usuarios de Polymarket han apostado más de 220 millones de dólares en unos 31.000 mercados vinculados a acciones. El problema es que estos productos se encuentran en una zona gris.
Las plataformas defienden que sus contratos son derivados financieros sujetos a la supervisión de la Commodity Futures Trading Commission (CFTC) en Estados Unidos y no apuestas sometidas a las leyes de juego. Esa distinción es fundamental: mientras un mercado registrado puede operar bajo un marco federal, una casa de apuestas necesita enfrentarse a una maraña de regulaciones estatales.
La disputa lleva meses. La CFTC ha demandado a varios estados, entre ellos Nueva York, Wisconsin, Kentucky y Nuevo México, para defender su jurisdicción sobre los mercados de predicción registrados a nivel federal. Por su parte, los estados sostienen que determinados contratos, especialmente los deportivos, son en realidad apuestas y deben someterse a sus propias leyes.
Ahora la expansión hacia las acciones eleva todavía más las apuestas regulatorias. La legislación estadounidense considera generalmente los contratos sobre una única acción como security-based swaps, un tipo de derivado bajo la órbita de la Securities and Exchange Commission (SEC) y sujeto a restricciones especialmente relevantes para los inversores minoristas. La propia SEC ha advertido durante el proceso regulatorio de que determinados contratos sobre empresas concretas podrían entrar en esa categoría.
Las plataformas defienden que sus contratos son derivados financieros sujetos a la supervisión de la Commodity Futures Trading Commission (CFTC) en Estados Unidos y no apuestas sometidas a las leyes de juego. Esa distinción es fundamental: mientras un mercado registrado puede operar bajo un marco federal, una casa de apuestas necesita enfrentarse a una maraña de regulaciones estatales.
La disputa lleva meses. La CFTC ha demandado a varios estados, entre ellos Nueva York, Wisconsin, Kentucky y Nuevo México, para defender su jurisdicción sobre los mercados de predicción registrados a nivel federal. Por su parte, los estados sostienen que determinados contratos, especialmente los deportivos, son en realidad apuestas y deben someterse a sus propias leyes.
Ahora la expansión hacia las acciones eleva todavía más las apuestas regulatorias. La legislación estadounidense considera generalmente los contratos sobre una única acción como security-based swaps, un tipo de derivado bajo la órbita de la Securities and Exchange Commission (SEC) y sujeto a restricciones especialmente relevantes para los inversores minoristas. La propia SEC ha advertido durante el proceso regulatorio de que determinados contratos sobre empresas concretas podrían entrar en esa categoría.
Fuente: eleconomista.es





