Las denuncias de las últimas semanas en Colombia son apenas una parte de un problema global.
La sombra de las apuestas ilegales se posa de nuevo sobre el deporte y, más específicamente, sobre el fútbol colombiano. El ambiente está enrarecido y hoy cualquier acción dudosa en un partido despierta sospechas.
La denuncia del presidente de Patriotas, César Guzmán, que involucra jugadores y partidos de su propio equipo, es apenas un eslabón más en una cadena de hechos que no es nueva. El tema sigue en investigación.
“Los partidos amañados no son algo nuevo. Existen desde los Juegos Olímpicos de la antigüedad. Lo que sí es una novedad es cómo esta práctica, combinada con las apuestas, ha creado un mercado global de corrupción que es susceptible de afectar a 60.000 eventos en los que se puede apostar cada día”, aseguró Declan Hill, un periodista e investigador canadiense que ha seguido este tema durante años, en una entrevista con el diario El Periódico de España.
“Hace una década no servía de nada intervenir un torneo de ajedrez o tenis de mesa, pero ahora se mueve mucho dinero en pequeños eventos”, agregó Hill, quien incluso escribió un libro sobre el tema: The Fix: Soccer and Organized Crime, publicado en 2010.
Las cifras que mueven las apuestas ilegales
La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito presentó a finales de 2021 un informe sobre las apuestas ilegales en el deporte, en el que muestra que en ese mercado se mueven anualmente alrededor de 1,7 billones de dólares, una cifra que ha crecido exponencialmente en las dos últimas décadas.
“El mercado ilegal de apuestas deportivas es al menos tan grande como el mercado legal en términos de margen de utilidad (la parte de las apuestas que se queda el corredor de apuestas, es decir, las pérdidas de los clientes)”, aseguró en un informe la Federación Asiática de Carreras. “Se estima que hasta el 80 por ciento de las apuestas deportivas y de carreras en todo el mundo se realizan de forma ilegal”, agregó.
El presidente del Boyacá Chicó, Nicolás Pimentel, denunció en su momento la irrupción de apuestas ilegales en el fútbol colombiano. “En 2020 una persona nos dio información que hay grupos mexicanos y rusos haciendo apuestas en el FPC a través de intermediarios”, declaró a ESPN.
Incluso, su padre y máximo accionista del club, Eduardo Pimentel, ofreció en ese momento 50 millones de pesos de recompensa a quien le diera información sobre el asunto.
Pimentel publicó en marzo de 2020 una fotografía en la que se le ve entregando un fajo de billetes a uno de los supuestos informantes. Sin embargo, de ese tema no se volvió a conocer ningún avance.
El informe de Naciones Unidas mostró que el mercado latinoamericano es pequeño comparado con el de otros lugares del mundo: “El mayor mercado mundial fue Asia, donde se realizaron apuestas por valor de $ 19.600 millones, seguido de Europa con $ 15.200 millones, América del Norte con $ 2,300 millones, Oceanía con $ 1.700 millones, África con $ 751 millones y América Latina con $ 335,9 millones”.
En muchos casos, las apuestas ilegales y el amaño de partidos son una fórmula para lavar dinero. “En 2015, la policía de Italia tomó medidas contra un grupo de delincuencia organizada que utilizaba una red de 1.500 tiendas de apuestas, 82 sitios de internet y once empresas de juego en Austria, Malta, Rumania y España como fachada para el blanqueo de dinero”, reveló el informe de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.
Investigaciones con pocos resultados
A pesar de muchas sospechas y denuncias, los resultados de las investigaciones sobre apuestas clandestinas en el fútbol no han sido muy efectivos.
El caso más reciente involucró a dos jugadores de la Selección de Italia, Sandro Tonali, del Newcastle, y Nicolo Fagioli, de Juventus, a finales del año pasado. Los dos jugadores estaban en la concentración de la ‘azzurra’ cuando fueron citados por la Fiscalía de Turín, para interrogarlos por haber realizado apuestas deportivas ilícitas.
Los dos fueron declarados culpables: se demostró que estaban apostando a través de páginas clandestinas, en las que no quedaría ninguna huella de su participación. Tonali fue suspendido por 10 meses y tuvo que someterse a un tratamiento contra la adicción al juego. La pena para Fagioli, que confesó que su compañero fue quien lo indujo a esto, fue un poco menor: siete meses de suspensión y el mismo tratamiento.
También hubo un sonado caso de amaño en el fútbol español, revelado en 2020 pero relacionado con partidos jugados en 2015. Ángel Vizcay, exgerente del Osasuna, delató a tres entidades y cinco jugadores. Reconoció que su equipo ofreció dinero a varios clubes para arreglar los resultados.
Al final, 11 personas, entre ellos dos jugadores del Osasuna, recibieron condenas. Vizcay apenas se presentó en la cárcel el 27 de julio del año pasado, para cumplir con una pena de cinco años y siete meses.
Hill aseguró que mientras las penas sean laxas, la corrupción por apuestas ilegales seguirá igual. “Los futbolistas que han sido condenados por amaños deportivos deberían estar expulsados de los terrenos de juego, por lo menos durante cinco años. Los arreglos provocan un teatro en el deporte que le resta atractivo”, dijo. El problema sigue latente.




