Apuestas

En el mundo de los negocios, del campo que sea, la ecuación no tiene gran misterio ni necesita un máster en Economía. A más impuestos y más regulaciones, si se quiere mantener la competitividad y la capacidad de inversión en nuevas tecnologías, consolidación del sector. La fórmula es hacerse más grande para evitar duplicidades y, en consecuencia, reducir gastos.

La fusión a tres bandas que negocian ahora el gigante William Hill, histórico de las apuestas en el Reino Unido, 888 y Rank Group (propietario de la cadena de casinos Grosvenor y los bingos Mecca), no es más que la última expresión de un fenómeno que lleva ya un par de años fraguándose, y se ha visto acelerado por las tasas que el Gobierno británico ha aplicado recientemente al juego on line, gravando una actividad que hasta ahora había pasado desapercibida a su ojo avizor.

Un desliz que estaba destinado a ser corregido más pronto que tarde, teniendo en cuenta que la industria generó el año pasado ingresos de 9.000 millones de euros, un incremento del 25% en el último quinquenio. Cada hogar británico gasta anualmente 200 euros en apuestas, uno de cada tres hombres y una de cada cuatro mujeres se juegan algo de dinero ya sea en las carreras de caballos, las quinielas de fútbol, el póquer por internet o la lotería, y el número de anuncios de este tipo de actividades lúdicas ha pasado de 153.000 en el 2006 a casi dos millones en el 2016.

Fusiones y adquisiciones, hagan juego, señores. El proceso comenzó en el verano del año pasado con el matrimonio de conveniencia entre Ladbrokes y Gala Coral, valorado en su momento en 3.000 millones de euros. Pronto siguió una operación aún mayor, del orden de los 8.000 millones de euros, cuando juntaron fuerzas Betfair y Paddy Power. La fiesta continuó con la adquisición de Bwin por parte de GVC, una operación estimada en unos 2.000 millones de euros. En los últimos 12 meses se han registrado más fusiones de casas de apuestas en Gran Bretaña que en ningún otro país del mundo. “El motivo es doble –dice el analista Nick Bartram, de la firma especializada Peel Hunt–, el primero es la necesidad acuciante de responder al progresivo y considerable aumento de los gastos en impuestos, nuevas tecnologías e imperativos legales que hasta ahora no existían, y el segundo es la presión para crecer conforme aparecen nuevos operadores en el mercado y se incrementa la competitividad en el sector”. Aunque las cifras de crecimiento en el mundo de las apuestas parecen a simple vista muy positivas, no hay más que rascar un poco en la superficie para descubrir que se concentra casi en su totalidad en internet (y sobre todo a través de los móviles), mientras que el número de usuarios que acude en persona a los tradicionales chiringuitos de las calles mayores de pueblos y ciudades registra un profundo declive. “Es el mismo fenómeno que en la prensa o el mundo del cine, cada vez se ven más películas y se leen más periódicos en el ordenador, la tableta o el teléfono –explica el sociólogo Anthony Gates–. Ello no significa que las fórmulas tradicionales estén a punto de desaparecer, pero requiere una inversión importante en nuevas tecnologías”.

La fusión entre Ladbrokes y Coral ha creado la mayor casa de apuestas del país, con más de 4.000 establecimientos. “Es una unión que tiene todo el sentido del mundo –comenta Paul Leyland, de Regulus Partners–. Ambas empresas operaban el mismo tipo de negocio, y al fusionarse ahorran unos cien millones de euros anuales que pueden invertir en tecnología on line, donde se encuentra un 90% del crecimiento”. Las negociaciones entre William Hill, 888 y Rand Group –que todavía no se han puesto de acuerdo en las respectivas valoraciones– responde a la necesidad de no quedarse atrás.

A largo y ancho del planeta, los gobiernos están aumentando los impuestos y regulaciones del sector, lo cual ha reducido los márgenes de beneficios. Hasta hace poco, por ejemplo, Gibraltar era un paraíso fiscal para las casas de apuestas británicas, y Ladbrokes operaba desde el Peñón a través de subsidiarias como Stan James o Bet Victor. Pero esos días han pasado a mejor gloria. Y la manera de combatir las nuevas cargas es la concentración.

Fuente: lavanguardia.com